III. Pagaré producto
El problema histórico del ganadero (especialmente el criador) es que sus ciclos productivos son largos (18 a 36 meses desde servicio hasta venta), mientras que los instrumentos tradicionales como el Cheque de Pago Diferido (CPD) suelen tener plazos cortos (30 a 360 días).
El Pagaré Producto permite estructurar plazos más largos con menores costos de transacción y alta eficiencia. Esto habilita financiar retención de vientres, implantación de pasturas perennes o infraestructura (mangas, aguadas) y pagar recién cuando esa inversión genera flujo (ej. cuando se vende el ternero o novillo terminado). Logrando la posibilidad de un pagaré bursátil a la vista con ajuste ganadero, se podrán negociar estos instrumentos a través del MAV con la emisión, custodia y agencia de Caja de Valores.
De esta manera, se le permite al productor "calzar" el vencimiento de la deuda con el momento exacto de la venta de la hacienda, evitando el "descalce" financiero que obliga a malvender animales para cubrir cuentas.
Hasta ahora, el ganadero tomaba deuda en pesos (con tasas en muchos casos elevadas) o dólares (con riesgo devaluatorio). Si el precio del novillo no acompañaba a la inflación o al dólar, su deuda se encarecía en términos reales. Al emitir un pagaré, por ejemplo, denominado en "Valor Kilo de Novillo" (ajustable por índices) el productor se endeuda en su propia moneda. Hoy el pagaré producto ya funciona en el MAV con sus tres ajustes de precio: BADLAR, TAMAR y SOJA. A continuación mostramos un ejemplo en soja:

Si el precio de la hacienda baja, el monto de su deuda baja proporcionalmente. Elimina el riesgo cambiario y de precios relativos. El productor sabe desde el día 1 cuántos kilos debe entregar, independientemente de la macroeconomía. Con esto, inversores institucionales (Fondos Comunes de Inversión, aseguradoras, etc.) pueden buscar diversificación en un pagaré atado al precio de la carne, lo cual es un activo atractivo para diversificar carteras. Además, con el Pagaré Producto las Sociedades de Garantía Recíproca (SGR) pueden avalar estos instrumentos, permitiendo que una PyME ganadera de cría acceda a tasas competitivas similares a las de una gran empresa, ya que el riesgo podría absorberlo la SGR.